Encuentro de voluntarios junto a las Hermanas Camilas en Puerto Madryn
En el marco de la semana “Cuidar a los que cuidan”, cerca de treinta voluntarios de distintos espacios pastorales de Puerto Madryn participaron de un encuentro de reflexión y acompañamiento junto a las Hermanas Camilas.
La jornada reunió a integrantes de Cáritas, Hogares de Cristo, Pastoral Carcelaria y otros servicios de la comunidad que diariamente acompañan a personas atravesadas por situaciones de dolor, vulnerabilidad y sufrimiento.
Un tejido que sostiene a la comunidad
Como en los encuentros precedentes de la semana, la jornada comenzó con una dinámica propuesta utilizando un ovillo de lana para la presentación de los participantes.
A medida que cada persona compartía quién era y desde qué servicio pastoral participaba, iba sosteniendo una parte del hilo y lanzando el ovillo a otro integrante del grupo. Poco a poco se fue formando una gran red que unía a todos los presentes.
La imagen permitió descubrir de manera sencilla una verdad profunda: nadie sirve solo.
Cuando alguno de los participantes tensaba el hilo, toda la red se movía. Cuando uno aflojaba, los demás también lo percibían. La dinámica ayudó a reflexionar sobre cómo las alegrías, los cansancios, las dificultades y las esperanzas de cada agente pastoral repercuten en toda la comunidad.
Fue una manera concreta de visualizar que la misión siempre se vive en comunión y que cuidar a quienes sirven no es una tarea individual, sino una responsabilidad compartida.
Descubrir a Dios en el camino
Durante el encuentro, las Hermanas Camilas recordaron que el servicio cristiano es, ante todo, una entrega gratuita.
“Nos donamos gratuitamente, pero es el Señor quien obra por medio nuestro”, fue una de las ideas que atravesó toda la jornada.
Las religiosas animaron a los participantes a reconocer que los frutos de la misión no dependen únicamente de los propios esfuerzos, sino de la acción de Dios que continúa actuando y hablando en la vida de las personas, muchas veces de maneras inesperadas.
“El Señor continúa hablando, aunque no siempre de la forma que esperamos”, compartieron, invitando a descubrir que también en las relaciones que se generan cotidianamente pueden leerse signos de la voluntad de Dios.
Tierra santa
Uno de los momentos más profundos estuvo inspirado en el relato de la zarza ardiente (Éxodo 3, 2-5).
A partir de este pasaje bíblico, las hermanas propusieron una mirada que ayudó a resignificar el servicio y los encuentros cotidianos.
Así como Moisés fue invitado a quitarse las sandalias porque estaba pisando tierra sagrada, las religiosas recordaron que cada persona es portadora de una historia sagrada.
“Cada uno de nosotros es tierra santa, pero también lo son las personas que visitamos y acompañamos”, reflexionaron.
La propuesta invitó a reconocer el valor único de cada encuentro y a acercarse a los demás con respeto, escucha y humildad.
El dolor como camino
A lo largo del intercambio, los participantes compartieron experiencias concretas que los marcaron en sus años de voluntariado.
Surgieron relatos vinculados al acompañamiento de personas en situaciones extremas, historias de sufrimiento compartido y momentos donde la fragilidad humana dejó huellas profundas en quienes acompañan.
Las Hermanas Camilas propusieron entonces una reflexión sobre el sentido del dolor. Muchas veces quienes atraviesan situaciones difíciles lo perciben únicamente como un obstáculo, pero también puede convertirse en un camino que ayude a descubrir nuevas formas de encuentro, crecimiento y esperanza.
Cuando también duelen las ausencias
Entre las experiencias compartidas apareció un tema que resonó especialmente entre los presentes: el dolor que provoca ver caer a compañeros de camino.
Muchos voluntarios reconocieron que una de las heridas más difíciles del servicio es observar cómo personas que durante años compartieron la misión se desgastan, atraviesan situaciones complejas o terminan alejándose de los espacios comunitarios.
La conversación permitió poner nombre a un sufrimiento que muchas veces permanece oculto y recordar la importancia de acompañarse mutuamente dentro de los equipos pastorales.
La jornada concluyó con una invitación sencilla pero profunda: seguir sirviendo con generosidad, confiando en que es Dios quien obra a través de cada gesto de amor, y sin olvidar que el corazón del que cuida también necesita ser cuidado.
