La realidad de las personas en situación de calle suele estar rodeada de prejuicios, mitos y miradas apresuradas. Muchas veces reducida a simplificaciones —como asumir que se está allí por elección o que basta con un plato de comida para resolverlo—, la problemática exige una mirada mucho más profunda.
En el programa Donde Estás Vos, Fabián y el padre Deiby compartieron una conversación que invita a desmantelar etiquetas y comprender qué significa verdaderamente acompañar, transformar y construir comunidad.
El mito de la elección y el peso de las historias
Frente a la idea común de que alguien habita la calle «porque quiere», las voces de los entrevistados dejan al descubierto una trama mucho más compleja. Situaciones de vulnerabilidad, rupturas familiares, pérdidas de empleo y consumos problemáticos suelen entrelazarse en procesos dolorosos que van apagando silenciosamente las expectativas de vida.
“Estar en la calle no es una elección; nadie quiere vivir así. Son situaciones y decisiones que te van llevando, pero en el fondo todos quieren estar mejor”, reflexionó Fabián al recordar su propia trayectoria.
Por su parte, el padre Deiby aportó una imagen que sintetiza la riqueza oculta detrás de cada historia de vida:
“En la oscuridad de la calle hay pequeñas estrellas que son las historias de cada persona. Cuando te acercás a escucharlas, descubrís que no están ahí por gusto, sino por un cúmulo de circunstancias que los fueron conduciendo”.
Mucho más que un plato de comida: la dignidad de ser mirados
Uno de los momentos más conmovedores del diálogo tuvo como eje el sentido de la ayuda. Si bien la asistencia material es indispensable, la verdadera transformación comienza cuando se restituye la dignidad de la persona.
Deiby recordó una experiencia en su trabajo de acompañamiento en la que alguien se sorprendió al recibir una simple palabra:
“Me dijo: ‘Me asustó que me hablaras, porque nadie me habla’. Ahí entendí que más allá del hambre físico, existe un hambre enorme de afecto, de amor de prójimo y de no sentirse invisible”.
Acompañar a quien sufre no consiste únicamente en entregar un recurso desde afuera, sino en sentarse al lado, compartir el tiempo y hacer el camino juntos. Tal como expresaron en el programa, la mochila se vuelve más liviana cuando otro se dispone a cargarla por un momento.
Redes que sostienen y el valor de lo espiritual
El testimonio de Fabián dio cuenta de cómo un espacio de contención integral —como el dispositivo de invierno— y el redescubrimiento de la dimensión espiritual pueden abrir caminos donde antes solo había encierro.
De ser asistido en el dispositivo, Fabián pasó a formar parte del equipo de trabajo y apoyo a otros. Un proceso que exigió esfuerzo diario, contención adecuada y una fe que le devolvió la esperanza.
“Esta vez incluí a Dios en el proceso y fue distinto. Cuando hay alguien que te escucha, que te da una oportunidad de trabajo y que te acompaña, te das cuenta de que no estás solo y de que se puede salir adelante”.
De la indiferencia al encuentro comunitario
La experiencia compartida por Fabián y Deiby nos deja preguntas abiertas como comunidad: ¿cómo miramos a quienes atraviesan el dolor en nuestras ciudades? ¿Nos conformamos con la asistencia rápida o nos animamos al encuentro cara a cara?
En tiempos donde predomina el ritmo apresurado y la distancia, la invitación vuelve a ser la misma: volver a mirar, aprender a escuchar las historias que nos rodean y recordar que el amor y la dignidad también se construyen compartiendo una mesa, una palabra justa y un tiempo compartido.
«No se trata solo de dar de comer, sino de sentarnos a comer juntos.»
La realidad de las personas en situación de calle suele estar rodeada de prejuicios, mitos y miradas apresuradas. Muchas veces reducida a simplificaciones —como asumir que se está allí por elección o que basta con un plato de comida para resolverlo—, la problemática exige una mirada mucho más profunda.
En el programa Donde Estás Vos, Fabián y el padre Deiby compartieron una conversación que invita a desmantelar etiquetas y comprender qué significa verdaderamente acompañar, transformar y construir comunidad.
El mito de la elección y el peso de las historias
Frente a la idea común de que alguien habita la calle «porque quiere», las voces de los entrevistados dejan al descubierto una trama mucho más compleja. Situaciones de vulnerabilidad, rupturas familiares, pérdidas de empleo y consumos problemáticos suelen entrelazarse en procesos dolorosos que van apagando silenciosamente las expectativas de vida.
“Estar en la calle no es una elección; nadie quiere vivir así. Son situaciones y decisiones que te van llevando, pero en el fondo todos quieren estar mejor”, reflexionó Fabián al recordar su propia trayectoria.
Por su parte, el padre Deiby aportó una imagen que sintetiza la riqueza oculta detrás de cada historia de vida:
“En la oscuridad de la calle hay pequeñas estrellas que son las historias de cada persona. Cuando te acercás a escucharlas, descubrís que no están ahí por gusto, sino por un cúmulo de circunstancias que los fueron conduciendo”.
Mucho más que un plato de comida: la dignidad de ser mirados
Uno de los momentos más conmovedores del diálogo tuvo como eje el sentido de la ayuda. Si bien la asistencia material es indispensable, la verdadera transformación comienza cuando se restituye la dignidad de la persona.
Deiby recordó una experiencia en su trabajo de acompañamiento en la que alguien se sorprendió al recibir una simple palabra:
“Me dijo: ‘Me asustó que me hablaras, porque nadie me habla’. Ahí entendí que más allá del hambre físico, existe un hambre enorme de afecto, de amor de prójimo y de no sentirse invisible”.
Acompañar a quien sufre no consiste únicamente en entregar un recurso desde afuera, sino en sentarse al lado, compartir el tiempo y hacer el camino juntos. Tal como expresaron en el programa, la mochila se vuelve más liviana cuando otro se dispone a cargarla por un momento.
Redes que sostienen y el valor de lo espiritual
El testimonio de Fabián dio cuenta de cómo un espacio de contención integral —como el dispositivo de invierno— y el redescubrimiento de la dimensión espiritual pueden abrir caminos donde antes solo había encierro.
De ser asistido en el dispositivo, Fabián pasó a formar parte del equipo de trabajo y apoyo a otros. Un proceso que exigió esfuerzo diario, contención adecuada y una fe que le devolvió la esperanza.
“Esta vez incluí a Dios en el proceso y fue distinto. Cuando hay alguien que te escucha, que te da una oportunidad de trabajo y que te acompaña, te das cuenta de que no estás solo y de que se puede salir adelante”.
De la indiferencia al encuentro comunitario
La experiencia compartida por Fabián y Deiby nos deja preguntas abiertas como comunidad: ¿cómo miramos a quienes atraviesan el dolor en nuestras ciudades? ¿Nos conformamos con la asistencia rápida o nos animamos al encuentro cara a cara?
En tiempos donde predomina el ritmo apresurado y la distancia, la invitación vuelve a ser la misma: volver a mirar, aprender a escuchar las historias que nos rodean y recordar que el amor y la dignidad también se construyen compartiendo una mesa, una palabra justa y un tiempo compartido.
«No se trata solo de dar de comer, sino de sentarnos a comer juntos.»
