Nuestra gente tiene alas

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El envío del Obispo a los catequistas de la Diócesis

Con una invitación a transmitir una fe que libere, abra horizontes y ayude a desplegar las alas, el obispo Roberto Álvarez presidió la Misa de cierre del encuentro anual de catequistas de la Diócesis de Rawson.

En su homilía, el Obispo tomó como punto de partida la escena evangélica de Cesarea de Filipo, donde Jesús pregunta a sus discípulos: «¿Quién soy yo para ustedes?».

Una pregunta que, señaló, continúa resonando en cada proceso catequístico y frente a cada realidad con la que se encuentran quienes tienen la misión de transmitir la fe.

El Obispo invitó a los catequistas a no dejarse vencer por aquellas situaciones que muchas veces parecen imponerse: la desesperanza, la superficialidad, el individualismo, las dificultades de los grupos o el propio cansancio de quien siente que ya no puede más.

Frente a esas realidades, la pregunta de Jesús vuelve a hacerse presente: «¿Quién soy yo para esa gente? ¿Y quién soy yo para vos?».

La respuesta de Pedro —«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo»— se convierte entonces en el centro de la misión catequística: anunciar que ninguna realidad que oprime, desalienta o quita esperanza es más fuerte que Jesucristo.

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Una catequesis que desata

A partir de la imagen evangélica de las llaves entregadas a Pedro y del poder de «atar y desatar», Mons. Álvarez puso especialmente el acento en la responsabilidad de quienes acompañan la fe de otros.

Una catequesis, advirtió, también puede «atar» cuando llena de escrúpulos o de culpa, cuando construye límites demasiado estrechos o cuando termina creando «jaulas que parecen de oro, pero que son jaulas».

Frente a ello, propuso otra manera de acompañar: una catequesis capaz de abrir caminos y ayudar a cada persona a descubrir la libertad y la esperanza que nacen del encuentro con Jesús.

Recordando una expresión de Santa Teresa de Ávila, sintetizó esta misión con una imagen sencilla y profunda: «No metan a mis monjas en jaulas, que mis monjas tienen alas».

Desde allí, invitó a pensar la catequesis como una tarea que ayuda a «desplegar las alas», que rompe ventanas en lugar de construir jaulas y que genera horizontes amplios y esperanzados.

Mente abierta, corazón confiado y amplitud de miras

Como horizonte para la tarea catequística, el Obispo recordó una frase del papa Francisco en el comienzo del año jubilar: «mente abierta, corazón confiado y amplitud de miras».

Tres claves para revisar cada encuentro, cada proceso y cada decisión pastoral, preguntándose qué se está atando y qué se está desatando en la vida de quienes son acompañados.

Finalmente, recordó a los catequistas que son transmisores de un tesoro que atraviesa las generaciones: una fe capaz de permanecer incluso frente a los distintos «imperios» que atraviesan la historia, porque está fundada en la certeza de que Jesucristo es el Señor.

Y dejó para ellos un envío que condensó el sentido de toda la celebración:

«Que ninguno de los que catequizamos en la Diócesis de Rawson salga sino con mente abierta, corazón confiado y amplitud de miras. Que ninguno salga atado, porque la gente de Rawson no necesita jaulas, porque nuestra gente tiene alas».